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Todo lo ocurrido en los dos últimos años “por nuestro bien”, esta dejando unas consecuencias tremendas, en las que como decía mi abuela: “nos sale más caro el ajo, que el pollo”, ósea, que tanto mirar que no nos mate el supuesto virus (el día que lo encuentren) nos matan por los medios que usan para salvarnos.

La pandemia aumentó el número de suicidios, aunque se redujeron en el confinamiento.

La cifra aumentó con respecto a 2019 coincidiendo con las restricciones.

Actualmente el futuro se presenta muy oscuro, y parece que con las nuevas tecnologías que pueden modular el cerebro humano, se puede incitar al suicidio, pareciendo que son voces que tiene la persona en su cabeza. Estamos en fase experimental, pero de seguir así, será una verdadera pandemia mundial, porque afecta hasta los niños.

 

Factores de riesgo de suicidio:

Sentir desesperanza, impotencia, falta de valor, tristeza.

Perder interés en actividades que, por lo general, se consideran agradables.

Cambiar patrones de alimentación y de sueño.

Sentirse agotado, con poca energía.

Sentirse ansioso, irritable, inquieto.

 

El Confinamiento

En los meses de marzo y abril de 2020, cuando se produjo el confinamiento domiciliario en España, se registró un abrupto descenso de los suicidios, mientras que, entre mayo y octubre, coincidiendo con las restricciones, la tasa de suicidios subió de forma pronunciada.

 

Cifras

Esta es la principal conclusión de un estudio liderado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y hecho en colaboración con investigadores del CIBER de Salud Mental (CIBERSAM), la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Autónoma de Barcelona y el Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas

 

El estudio, publicado en la Revista de Psiquiatría y Salud Mental, recuerda que en 2019 se quitaron la vida 3.671 personas en España y que, un año después, en 2020 -el año que empezó la pandemia de covid-19- la cifra subió a 3.941.

 

Los autores creen que esta información puede ser útil para luchar contra el suicidio. «Por un lado, ayuda a poner de manifiesto la relevancia del suicidio como causa de muerte en España, lo que afecta a toda la población en lo relativo a vencer estigmas y pedir ayuda.

Por otro, es una llamada importante para los organismos gubernamentales», afirma Andrés Pemau, investigador de Departamento de Personalidad, Evaluación y Psicología Clínica de la UCM.

 

Además, el estudio puede ayudar a los medios (que no estén manipulados) de comunicación a manejar «datos más claros sobre el efecto de la pandemia en el suicidio, en lugar de subestimar o sobrestimar la magnitud del problema«, apunta el psicólogo.

 

La investigación

Pretendía contrastar los datos de suicidio en España en 2020 y 2019, para ver si la pandemia y las restricciones habían tenido un efecto sobre la conducta suicida en nuestro país. Para ello, los investigadores realizaron análisis estadísticos a partir de los datos de defunción anuales del Instituto Nacional de Estadística.

 

El análisis reveló que en 2019 la tasa de suicidio se situaba en 8,3 por cada 100.000 habitantes y en 2020 ascendió a 8,9 por cada 100.000 habitantes, y aunque las cifras no reflejan una diferencia significativa, sí se observaron cambios en la distribución.

 

Así, el estudio desvela que a partir de mayo, al finalizar el confinamiento domiciliario decretado por el estado de alarma, fue cuando realmente empezaron a despuntar las conductas suicidas.

 

Además de la UCM, en la investigación han participado el CIBER de Salud Mental (CIBERSAM), la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Autónoma de Barcelona y el Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas.

Según la Fundación Española para la Prevención del Suicidio, hablamos de la principal causa de muerte no natural en España, con 2,7 veces más muertes que las provocadas por accidentes de tráfico, 13,6 veces más que los homicidios y casi 90 veces más que la violencia de género.

 

Salud mental

Ahora bien, lo que queda claro es que la salud mental no ha sido una prioridad en las políticas de salud de los últimos años. Y que los suicidios y las autolesiones todavía son un tema tabú. El problema es que aquello que no se denomina no existe, y si no existe, obviamente no necesita ser atendido.

Durante el primer confinamiento por covid-19, muchas personas apuntaron que se estaba planteando la salud solo desde el punto de vista físico, es decir, ante una emergencia, nadie se paró a definir políticas que no fueran solo desinfección de manos y protocolos con mascarilla.

Y sin atribuir todas las culpas a la pandemia, puesto que sería una mirada simplista a un proceso complejo, no podemos negar la evidencia:

 

Muere más gente de menos de cincuenta años por suicidio que por covid.

 

Pero vamos atrás en el tiempo, incluso antes de la pandemia: en España acceder a terapia psicológica por la vía de la sanidad pública es un periplo muy complicado. No solo hay pocos profesionales (la espera media es de unos tres meses), sino que primero se recetan fármacos y después con suerte viene la terapia.

Un panorama en el que lo que se ha priorizado es el miedo

 

¿Por qué se ignoran estos casos y no se actúa en consecuencia?

 

Así, a nadie le ha parecido necesario atender al cuerpo emocional que precisamente tiene que gestionar este miedo.

Durante los últimos dos años, todo lo que pasa tiende a fortalecer la sensación de peligro y miedo (a los otros, al contagio, a la muerte), vivimos con una ansiedad generalizada, estamos más expuestas a la incertidumbre, al estrés.

Nos hemos visto obligados a variar nuestra manera de vivir y de relacionarnos.

 

Al sistema le da igual nuestra salud mental.

 

El concepto de burbuja ha limitado las interacciones sociales y ha satanizadoa los que no las limitan. El ocio, el deporte, la cultura… todos estos alimentos no físicos han sido afectados.

Hemos sido obligados a adoptar la lógica capitalista que dicta que solo tenemos permitido hacer aquello que produce dinero.

De nuevo, la lógica capitalista se mezcla con el miedo: los que pueden atender su salud mental, y todavía más en este panorama pandémico, son las personas que pueden pagar la atención psicológica; quienes buscan ayuda psicológica han tenido que trascender el miedo de ser tachadas de desequilibradas mentales.

Pero si la sociedad no dice “Miro tu sufrimiento como un tema de salud pública”, es mucho más difícil asumirlo como tal. Hasta entonces la salud mental continuará siendo, como el suicidio, una cuestión que parece necesario esconder.

A ver si hacemos algo con esta otra pandemia.

 

 

 

BIBLIOGRAFIA

 

https://theobjective.com/Alberto Ortega (Europa Press)

Denise Duncan

 

 

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